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Mostrando entradas de diciembre, 2017

Narco III

El centro penitenciario que la Dirección General había elegido para que Jaramillo purgase su pena era uno de los más antiguos de España, y  lo parecía. Puede que aquel de la sierra de Madrid donde había pasado su tiempo de prisión preventiva no fuese bonito, que desde luego no lo era. Pero al menos era moderno, y los arquitectos que lo habían diseñado habían conseguido su objetivo. Era aséptico e impersonal. Aburrido y feo. Y a la vez, y quizá por los mismos motivos, resultaba poco intimidatorio. Pero claro, esa era una cárcel del siglo veintiuno. Si se hacía un esfuerzo para dejar de ver las rejas de las ventanas y las concertinas que bordeaban los tejados, casi parecía un enorme colegio.   Pero en el siglo veintiuno quizá se intente que las cárceles no parezcan cárceles. A finales del diecinueve, que era la época en la que se había proyectado aquel lugar al pie de la cordillera Cantábrica, los objetivos eran otros muy diferentes. Y aquello parecía una cárcel, vaya que si lo parecía

Narco II

  La 'cunda', el autobús sin ventanillas que la Guardia Civil utiliza para los traslados entre centros, llegó a la sierra de Madrid un lunes a media mañana. Jaramillo ya estaba prevenido desde hacía unos días, y esperaba en una celda del módulo de Ingresos y Salidas con su petate ya preparado. Finalmente, se abrió la puerta del chabolo, y la funcionaria de prisiones lo acompañó hasta una habitación al fondo de la gris galería de celdas, donde lo esperaba una pareja de Guardias Civiles con la cara de fastidio del que no cobra suficiente por su trabajo, y además ha tenido que madrugar. La funcionaria le tomó las huellas en el S.I.A., el sistema de identificación automatizada utilizado para llevar el registro de todos los que en España purgan sus penas en prisión, que al momento cambió el estado en su ficha de 'ingresado' a 'en tránsito'. Los guardias lo cachearon, le pusieron los grilletes al frente, porque el trayecto era largo, y lo metieron en el 'canguro&

Narco

  Jaramillo no llevaba mucho tiempo en aquella cárcel, pero ya se había dado cuenta de sobra de que no era sitio para él. Lo cual en el fondo, si lo piensas un poco, no es malo. Si la cárcel te parece un buen lugar donde pasar una temporada, es que el malo eres tu. Pero esta es la clase de filosofía barata  que ha hecho rico a un avispado escritor brasileño, y que en la vida real no tiene más aplicación que la de intentar aparentar profundidad de pensamiento en las redes sociales. En la cárcel, perseguir tus sueños de libertad sólo te puede llevar a dejarte los dientes contra un muro.   De hecho, Jaramillo había acabado en aquel establecimiento por perseguir sus sueños de libertad, ni más ni menos. Unos sueños tampoco demasiado ambiciosos, los que cualquier chaval de veinte años, como él, tiene en cualquier esquina del mundo. Comprarse una moto. Montar un pequeño negocio con el que ganarse la vida. Pagarle un aborto a su novia. Cosas sencillas, sueños sencillos. Pero cuando has nac