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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Intermedio

Era sábado, y en principio la cosa no podía pintar mejor. Tenía destino de recintero, que quiere decir que estás encargado de facilitar el acceso a la prisión a los vehículos que vienen del exterior (en colaboración estrecha con la Guardia Civil) y controlar sus movimientos una vez dentro de la misma (eso ya tú solo). Entre semana hay bastante trabajo, eso es verdad. Pero el fin de semana estar de recintero quiere decir que vas a estar toda la mañana intentando combatir el aburrimiento, porque ningún vehículo va a intentar entrar o salir de la cárcel si no es una emergencia. Y que el resto de compañeros te van a utilizar como comodín, para que los releves de vez en cuando  y se puedan escaquear a tomar un café. Ni mas ni menos.  Las once de la mañana me encontraron en el acceso del módulo 8. Tomando un café con Jacobo, el Jefe de Cocina, que también se estaba escabullendo un ratito de sus tareas. Y hablando de aviones, que es una afición que tenemos en común. Pasando el rato.  C

Tremenda torrija III

No me equivocaba con lo de Martínez Alvero, y me volví a cruzar con él mucho antes de lo que esperaba. El día siguiente a nuestro primer contacto, me tocó servicio en cocina. En cocina el funcionario no es que tenga mucho que hacer, porque el grueso del trabajo es tarea de los internos que están destinados allí. Y de vigilar que no la caguen y acaben quemando las lentejas se encarga un Jefe de Cocina, que es personal laboral. Vamos, un tipo de la calle que viene a currar allí.  La misión principal del funcionario de cocina es controlar la caja de cuchillos, que por sorprendente que pueda parecer es una caja llena de cuchillos. Una caja blindada, eso sí, de la que sólo yo tengo la llave, y en la que hay adherido un listado de todos los elementos susceptibles de hacer pupa que se almacenan en su interior. Y de paso, ya que estás ahí, si también vigilas que los internos de cocina no se apuñalen entre ellos mientras cortan los puerros para el cocido, pues entonces ya vas para nota.  

Tremenda Torrija II

  Me situé frente a la puerta de la celda ocho y metí la anticuada llave de celdas en el ojo de la cerradura. Me dispuse a descorrer el cerrojo... Y creo que este es el momento apropiado para un briconsejo.   Sé que hay lectores que se están preparando la oposición de acceso al cuerpo, así que creo que esto que voy a contar les puede ser de utilidad: Mucho cuidado al abrir la puerta de una celda. Mucho cuidado siempre, pero en especial si nos han pedido desde dentro que les abramos, o si hemos oído ruidos sospechosos en el interior (golpes, gritos...). Podemos encontrarnos con internos muy alterados que empiecen a repartir golpes a voleo, o simplemente que, en el momento en el que noten que la puerta está abierta, la empujen con todas sus fuerzas y te partan la cara. Sí, en serio. Pueden haber fingido una pelea, o un ataque de algún tipo, puede ser una trampa. Pueden ir a por ti.  Para evitar este riesgo, cada uno tiene su método. Hay quien abre la puerta y da un rápido paso hacia